Ricky Torrance: Cazador Diurno

Relatos de mi vida

Darla . . . Primer encuentro

Posted by Ricky Torrance en octubre 25, 2007

Darla fue transferida a nuestro departamento al poco tiempo de que yo empecé a trabajar aquí. Se desempeña como Secretaria de nuestro jefe, y sí, hay que reconocerlo: no es muy brillante en su desempeño. Sin embargo, y en contraste, como persona es uno de esos seres cada ves mas escasos en este mundo, que sufren con la lluvia pues piensan que los ángeles están llorando. Su inocencia y humanismo parecen interminables; al igual que su generoso escote, el cual, por Justicia Divina, contrasta con su pequeño trasero.Parecida a Darla No es Darla, pero se parece mucho; solo imaginenla con cabello negro y rizado

Mi relación con ella comenzó cuando, al coincidir en el autobús de vuelta a casa al termino de la jornada laboral, comenzamos una amena plática sentados uno al lado del otro. Esta situación se repitió en varias ocasiones no por coincidencia, sino por mi manía peligrosa de forzar al Destino a actuar al modo que yo lo deseo.

Platicando me enteré de varios aspectos de su vida que son irrelevantes para esta historia, pero que me ayudaron a conocerla y darme cuenta que tenía frente a mi un lienzo en blanco ansioso de un pintor, un libro abierto con sus páginas aún en blanco; una alumna esperando ansiosa la llegada del maestro… y ya saben lo que dicen: “Cuando el alumno esté listo; el Maestro aparecerá

Con el pasar de los días y nuestro contacto diario, nuestra relación fue cruzando esa delgada línea entre lo laboral y lo personal. A ella le gustaba pasearse por mi cubículo simplemente para saludarme, preguntar que estaba haciendo, acariciar mi cabello… para mandar esas señales que una chica acostumbra enviar, a veces sin percatarse de ello, cuando un chico le atrae.

Recuerdo bien una noche de esas extrañas, trabajando hasta tarde; Darla se acercó a mi espacio de trabajo sigilosamente, como tratando de no ser vista, y posó su mirada en mi por un largo rato mientras yo capturaba algunos documentos en la computadora. Me percaté de su presencia, mas sin embargo no la interrumpí, pues escuchar su respiración profunda era de lo mas excitante para mi y no quería cortar esa sensación.

Al cabo de algunos minutos y tras, los que parecieron ser, miles de documentos digitalizados, mi cuello y hombros no soportaron mas la tensión y obligaron a mis manos a detenerse un momento para reconfortarlos un momento. Aún sentado frente a mi computadora y con los ojos de Darla sobre mi persona; un movimiento de mi cuello provocó un sonido que, mas que huesos tronando, se asemejó a un silbatazo inicial, ya que acto seguido, las manos de Darla se posaron sobre mis hombros y comenzaron a presionar mis atrofiados músculos con una fuerza y cadencia que no me quedó mas remedio que dejar caer mis brazos y sucumbir ante tan delicioso tormento.

Mi primera reacción sonora fue inteligible.. a lo que ella soltó una pequeña risita y dijo: creo que necesitas un descanso.

Y aquí fue donde la línea se cruzó.

El Masaje se convirtió en rutina obligada en las reciprocas visitas a nuestros lugares de trabajo; incluso algunas veces cuando nuestra vestimenta lo permitía; inocentemente desabrochábamos el primer botón de la camisa/blusa del otro para hacer mas agradable el momento.

Día a día fue creciendo la necesidad de sentir la piel del otro, y mas aún mi necesidad de escuchar esos pequeños gemidos que Darla soltaba cuando apretaba sus hombros con un poco mas de fuerza; ese sonido que emanaba de lo mas profundo de su ser y que la obligaba muchas veces a tapar su boca con sus manos, era lo que alimentaba mi desesperación por seguir desabrochando su blusa.

Me ayudas a llevar estas cajas a la bodega -me dijo un buen día; y yo, como caballero que soy, la ayudé con gusto. No estaban muy pesadas pero si voluminosas, por lo que mientras yo cargaba ella abría las puertas que se encontraban entre nuestra oficina y la bodega.

Nuestra “covacha” como llamamos a donde guardamos todo lo que no usamos mas en los cubículos, es un lugar oscuro, con una pequeña ventana a la calle cubierta con persianas y, como no, lleno de cajas con papeles viejos.

Tenemos también una mesa que no se de donde salió y algunas sillas que hemos ido desechando con la llegada de nuevo mobiliario; sin embargo algunas de estas piezas aún están en buenas condiciones, como en la que le dije que se sentara para poder darle su masaje correspondiente a ese día, a lo que accedió gustosa.

Ese día ella había elegido una blusa azul que bien podía cubrir sus hombros o dejarlos al descubierto sin dejar de ser una prenda “políticamente correcta” para la oficina; sin embargo ella prefería usarla con los hombros tapados.

Blusa de Darla Este es el tipo de Blusa que Darla llevaba ese día

Comencé a masajear su cuello, y ella, al sentir mis manos sobre su piel, comenzó a mover su cabeza en señal de aceptación y de placer. Luego de un poco de preámbulo deslicé mis manos hacia sus hombros y tras cierto trabajo sobre su blusa me decidí primero a meter mis manos sobre la tela que cubría su hombros y así poco a poco y con el mismo movimiento que implica masajear; fui descubriendo su piel hasta que la blusa se convirtió en un modelo diferente, dejando sobre sus hombros únicamente esa tira del sostén que a muchas mujeres les gusta mostrar… a Darla no.

Pasaron talvez 5 o 10 minutos, su blusa cada ves bajaba mas con el movimiento de mis manos las cuales, mañosamente, se enfocaban en la parte de sus hombros que está mas cerca de sus senos que de su espalda. Sin perder la cadencia y con un movimiento de mis manos abiertas que iniciaba en los extremos de sus hombros y desembocaba en su cuello; mis pulgares juguetonamente se “atoraban” bajo las tiras de su brasier, haciendo que el movimiento de vuelta de mis manos hacia sus hombros, las trajeran consigo hasta lograr que ahora sus brazos y no sus hombros fueran el soporte de su prenda íntima.

tiritas del Bra A esto me refiero con tener las tiras del brasier en los brazos y no en los hombros

Al mismo tiempo y gracias al tamaño de mis manos, mientras mis pulgares se encargaban de las tiras de su sostén, el resto de mis dedos se alargaban cada vez mas para proporcionar masaje a su pecho, estirándose cuan largos son para acercarse cada vez mas a la tierra prometida… sin embargo el grito de “tierra a la vista” debió postergarse esta vez, pues entre sus gemidos de placer provocados por mis manos, logré distinguir a lo lejos, pero cada vez mas cerca, pisadas que amenazaban nuestro encuentro y que de no haber sido por mi, ya que ella se encontraba aún en el trance que le provocaron mis manos, nos hubieran encontrado en esa posición tan comprometedora para un edificio lleno de oficinas.

Alguien viene -le susurré al oído. Tardó en reaccionar y cuando lo hizo se observó para darse cuenta que estaba casi tendida sobre la silla, con los hombros desnudos y la respiración acelerada. Se incorporó y me preguntó que diríamos si llegaran a entrar hasta nuestra covacha. La Tranquilicé diciéndole que las pisadas se alejaban, que nos se preocupara; pero que debíamos regresar a trabajar, pues hacía mas de media hora que habíamos bajado solamente a guardar unas cajas.

Ella salió primero y yo la seguí un par de minutos después.

El día transcurrió de modo normal; al despedirse de mi esa noche solo dijo, “a ver cuando lo repetimos”… y yo sabía lo que debía hacer.

 masajito Quien no disfruta de un buen masaje…??

7 de la Noche, días después de aquel primer encuentro en la bodega. Ambos trabajando hasta tarde. Me adelanto a la bodega y desde un teléfono cercano le pregunto si me puede alcanzar ahí, no le doy mas detalles… ella sabe para qué.

Al cruzar la puerta le muestro la silla invitándola a sentarse, ella obedece y yo cierro la puerta. El sol se ha ido; al igual que mucho personal que ya ha abandonado el edificio; talvez solo queden algunos jefes y la gente de seguridad. Este día Darla Luce una blusa abotonada color naranja y un sostén negro que se logra ver bajo ésta, entre los botones que luchan por no abrirse debido a lo abultado de sus senos. Sin preámbulo alguno desabrocho el primer botón de su blusa y ella amarra su rizado cabello negro con una dona elástica. Coloco mis manos sobre sus hombros por debajo de su blusa y comienzo a generar calor… ella comienza a sentirlo.

Algunos segundos mas tarde, el segundo botón se libera y ahora hay suficiente tela para que la blusa descubra por completo sus hombros y que ésta sea acompañada por las tiras de su sostén que me encargo de correr deliberadamente.

A ritmo de su respiración es que muevo mis manos frotando su cuerpo… mis dedos se estiran nuevamente y dejan de sentir su duro pecho para percibir el inicio de sus blandos senos. Mientras mi mano izquierda continua provocando sonidos de su interior, mi mano derecha busca sigilosamente el tercer botón de su blusa que ahora se encuentra a la altura de su escote, aprisionado precautoriamente con ambos brazos de Darla, impidiéndome avanzar.. pero esto no me detiene y tras dos intentos mas, mis ágiles dedos logran desabrochar el estratégico botón… ella reacciona: ¿qué haces?…me da pena -repica. No te preocupes -le digo, y me separo un momento para apagar la luz; así ya no veo -la tranquilizo. Y continúo masajeando; y mientras lo hago a petición suya reitero constantemente que no logro ver nada en debido a la oscuridad; que su piel está escondida ante mi mirada. La hago sentir segura y por lo tanto retiro sus brazos de sus senos… No te preocupes -Le digo, recuerda que no te estoy viendo. No me veas -replica ella; mientras sus brazos ahora descansan a los costados de su cuerpo y sus manos casi tocan el piso. Ante esta posición y sin chistar desabotono el cuarto y quinto botón, y rápidamente coloco mis manos sobre sus hombros para continuar frotando su cuerpo. Ahora su blusa está totalmente desabotonada, su senos son solo cubiertos por su brasier, y su inocencia y miedo en este instante son opacados por su deseo y curiosidad.

Ella trata de hablar, pero la sensación que le provocan mis manos es mas fuerte que su miedo… entre sollozos alcanza a decirme: no te conozco; a lo que rápidamente contesto: tranquila, sí me conoces, sabes que soy un buen chico…. tranquila, ya no hay nadie en el edificio, estamos solos y además no puedo verte. Seguro que no me ves -pregunta ella con su voz entrecortada por la respiración que no deja de ser cada vez mas rápida. Relájate y disfrútalo -le digo; y ella se tranquiliza nuevamente por lo que mis manos, que habían regresado a lo mas alto de sus brazos concentrándose en sus hombros; regresan una vez mas a la zona de su pecho, apenas abajo de su cuello; y acercándose con cada movimiento a sus senos.

La Temperatura de la covacha elevándose, su respiración a mil por hora, mis manos frotando su piel generando un intenso calor, sus gemidos perdiendo timidez ante mi, sus senos desbordándose del pequeño brasier , mis pantalones cada ves mas estrechos, sus piernas apretándose una con otra, la luna asomándose por la pequeña ventana de la bodega ilumina ahora sus senos sin que Darla se percate de ello… está a mi merced… asomo mi cara por encima de su espalda para poder apreciar mejor y sin perder la cadencia del masaje, finalmente logro ver sus pezones asomándose por encima del sostén que ante la encorvadura de su espalda parece ahora ser dos tallas mas grande… son hermosos, del color del café molido, tan erectos que asemejan una goma de borrar en un lápiz del #2, nunca había visto unos pezones tan erectos, tan alargados, tan deliciosos… me invade al verlos una extraña sensación de desagrado que velozmente se convierte en deseo de tocarlos, de besarlos, de ponerlos en mi boca y que mi lengua los lleve a pasear por mi paladar.

Darla en hentai Si Darla fuera un dibujo de animé… sus senos lucirían así

Darla se retuerce de un placer que talvez nunca antes había sentido … se deja seducir por un un prácticamente-desconocido que está tocando su cuerpo semidesnudo y le provoca sensaciones que jamás había experimentado. Ella aún no se ha dado cuenta que sus pezones están a mi vista, pero para mi eso no funciona… quiero que ella lo sepa… quiero que sienta que los veo.. quiero sentir que es lo que siente ella cuando se de cuenta….. Por lo que con un movimiento un poco mas brusco que los actuales, como jalándolos hacia mi, hacia arriba, logro finalmente que su senos se asomen por completo.. que sus erectos pezones descansen sobre su brasier y no dentro de éste.. ella se da cuenta, pero no hace nada para cubrirse… no puede.. no quiere… está demasiado excitada para detenerme…… Darla quiere que yo continúe, quiere que la vea…. quiere que la explore… que la descubra… quiere que la toque… quiere que mis manos toquen sus pezones… que el masaje se extienda hasta sus senos ahora desnudos… quiere sentir mis ásperas manos sobre su tersa piel…. quiere que mi fuerza apriete sus senos y aprisione sus pezones… quiere que este extraño le recorra los senos con sus dedos…. quiere que este Maestro le enseñe a sentir.. que le lleve a conocer mundos nunca antes vistos… quiere que le enseñe y la prepare para el mundo… quiere ser la alumna preferida del Profesor…. Y lo fue en ese momento.

Suaves como el terciopelo.. placenteros como una brisa de verano.. Los senos de Darla conocieron mis manos esa noche.. Y fue asi como el Maestro apareció.

8:30 pasadas…. Me gustas mucho -me confiesa Darla, ahora con la blusa totalmente abotonada. Se despide de mi con un beso en la mejilla.. Me percato que se siente apenada ante mi.

No puedo dejar que se vaya así por lo que le digo que cierre los ojos y, sin decirlo, le la transporto de vuelta a sus sueños de color rosa…… ella obedece y lentamente me acerco, la tomo por la cintura ligeramente y uno mis labios con los de ella… y sin abrir la boca, le digo hasta mañana pequeña…. todo está bien…

Ella sonríe…. aun no entiende lo que le pasó esta noche… pero ahora, al menos, sabe que los sueños si se hacen realidad.

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