Ricky Torrance: Cazador Diurno

Relatos de mi vida

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La Jaula de Cristal … Mi Oficina

Posted by Ricky Torrance en septiembre 12, 2007

Sentado en mi silla giratoria, frente a mi escritorio; me encuentro con los siguientes objetos de izquierda a derecha: Telefono con linea a la calle y comunicación directa con los demás empleados de la empresa, un pisa papeles (en realidad es una tuerca tamaño gigante que me sirve para tal proposito), un calendario de escritorio para apuntar en el tareas cotidianas o recados, y finalmente a la extrema derecha del escritorio y bajo un estante que sirve de cajón para papeles importantes, mi computadora de escritorio dotada con mas de 100 Gigas de capacidad, quemador de discos y lo mas impactante, un monitor plano de 17 pulgadas que manda al olvido al viejo monitor de mi antigua computadora.

A mi derecha y por debajo del escritorio, un pequeño archivero de 2 cajones intenta ayudarme a mantener despejado de papeles mi escritorio. A mi izquierda un pintarrón blanco que yo mismo coloqué, me apoya para las tareas diarias y para no olvidar asuntos importantes.

Mi trabajo consta de generar documentos, encargarme de que sean firmados por los jefes, llevar un cotrol de ellos y entregarlos cuando me sean pedidos. Nada del otro mundo, por lo que no entraré en detalles de esto.

El Cubiculo que me fue asignado está dentro de una gran oficina dividida en varios espacios como el mio. Somos 7 personas aquí, contando al jefe y su secretaria quienes son los unicos que cuenta con espacio propio, separado de los cubículos por una gruesa pared, típica en edificios antiguos como este.

Detrás de mi Cubículo se encuentra Pepe (40), a mi izquierda está Israel (30) y frente a él Jacobo (28). Finalmente el último cubiculo ocupado de esta oficina es para Karina (24); frente a ella se encuentra un cubiculo vacío que bien sirve para tomar el desayuno a escondidas del jefe o para hechar una siesta cuando el cansancio es mas fuerte que el deseo de trabajar, que suele ser muy amenudo.

En los mas de 5 meses que llevo trabajando aquí, he llegado a conocer bien a todos mis compañeros. Me intereso mucho en el comportamiento humano y ellos han sido sujetos de mi estudio; especialmente Karina y la secretaria del jefe, Darla (26).

Ambas chicas fueron agraciadas con una linda figura, talves un poco mas notable en Karina, quien acostumbra a vestirse de modo muy sensual, con pantalones de licra en color claro y utilizando unas diminutas prendas intimas que se notan atraves de ellos. Sus blusas también son de llamar la atención, pues el escote en todas ellas es ampliamente pronunciado; dejandonos ver la razón del porqué tiene tantos admiradores en el resto del edificio.

Karina

Así acostumbra Vestirse Karina

Darla es un poco mas recatada; aún teniendo los senos mas grandes que Karina, no utiliza escote pues es mas bien tímida y del tipo inocente. Todo lo contrario a nuestra otra compañera. Gusta de vestir pantalones de mezclilla y pocas veces hemos descubierto que trae tanga al ver el hilo por un costado de su cintura al agacharse.

De Karina me agrada la sensualidad que derrocha al caminar, y de Darla esa inocencia que la hace tan sexy.

Darla

Así se viste Darla

Se que a ambas les despierto un interes que va mas allá de lo laboral. Lo puedo leer en sus ojos (otra de mis habilidades); sin embargo aún no cruzo la barrera de la amistad de oficina.

En el resto del edificio trabajan alrededor de 30 mujeres de todas las edades. Sin embargo hay 3 de ellas con quien me he llegado a relacionar laboralmente gracias a que mis actividades y las suyas son co-dependientes. Mandy (23) en el departamento financiero, Juana (23) en Recursos Materiales y Angela (30) en el departamento Estratégico. Todas ellas cubren mis expectativas en lo que se refiere a una Mujer Bonita, es decir en mi escala del uno al diez, todas ellas alcanzan el ocho. En la misma escala Darla tiene un siete y medio y Karina es un nueve.

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Aqui Estoy… al menos por ahora

Posted by Ricky Torrance en septiembre 12, 2007

Mi nombre es Frederick Torrance. Tengo 25 años. Actualmente vivo en uno de los puertos mas bellos de la Zona Sur de México. Veracruz. Y digo actualmente ya que no me gusta quedarme en un solo lugar por mucho tiempo. Tiendo a desesperarme. Cuando empiezo a sentir la monotonía en mi vida, exploto.

Veracruz

Llevo ya mas de 6 meses en este lugar. Rento un cuarto en la casa de una familia de clase media alta. La renta es aceptable. El cuarto tiene baño propio y una salida a la calle independiente a la puerta principal de la casa. Además conecta a esta última por una puerta menos rígida en el otro extremo de la habitación. Tengo aire acondicionado, indispensable en los meses donde el sol se apodera de esta ciudad y la hace agobiante. Una cama, una cómoda con 2 cajones, un closet creado a base de un tubo de metal y un sofá para 3 personas; son el complemento perfecto alrededor de un pequeño televisor a colores, dotado con señal por cable. Como dije, una familia sin apuros económicos; y además, con una pequeña entrada extra generada por la renta de una de sus habitaciones acondicionadas para ese fin. La renta es fija, sin importar cuanta luz gaste o cuanta agua utilice al mes. Llegamos a este acuerdo al explicar a la señora de la casa que mi permanencia sería prolongada, pero mi estancia en la habitación sería esporádica. En la mayoría de los días laborales solo me verían por las noches cuando llegase a dormir. Y los fines de semana aprovecharía para salir a conocer la ciudad y sus alrededores. Me gusta explorar.
La señora Marcela, dueña de la casa, vive en ella desde hace mas de quince años. Con ella viven su esposo Augusto y su hija menor, Mariana. El Hijo mayor del matrimonio se ha marchado ya de casa. Augusto Junior, como le llamaba siempre su padre, había finalmente cortado el cordón umbilical y emprendido el vuelo por cuenta propia, luego de mas de 28 años. No hacía mucho de eso cuando yo llegué a vivir con ellos. Aún se notaba en el rostro de doña Marcela la angustia de una madre al ver que su primogénito se marchaba, que ya no la necesitaba, que a pesar de saber que lo había preparado bien, daría cualquier cosa por que éste la dejase mudarse junto con el, sin importar que dejara atrás a su esposo e hija; tan solo para asegurarse de que no le faltaría nada. En su mente de madre pensaba que existía esa posibilidad. Y se aferraba a ella.
Doña Marcela se dedicaba al hogar. Luego de una larga carrera en la enseñanza media se había jubilado ya. Había acondicionado una habitación de la casa con vista a la calle como una pequeña papelería que contaba además con el servicio de fotocopiado de documentos. Vendía también manualidades que en sus ratos libres ella misma realizaba; aunque la gran mayoría de ellas eran de reventa, compradas en alguno de sus viajes a la ciudad de México en los que acostumbraba traer decenas de cajas llenas de mercancía que después sería expuesta en las paredes de la pequeña papelería para ser revendidos con una ganancia mínima. No lo hacía por dinero. Su cheque del retiro llegaba puntual cada mes. Esta era simplemente una forma de mantenerse activa; de enfrentar los inicios de la crisis que llega a todos los trabajadores cuando se dan cuenta que ya no son útiles a la sociedad. Su familia lo sabía, auque nunca lo mencionaba, y por eso la apoyaban en esta idea que desarrollaban juntos. La venta no era nada del otro mundo. Sin embargo, los fines de semana eran los mejores en este aspecto. Nunca había faltado el vecino que olvidó envolver el regalo de la fiesta a la que se dirige. O la vecina que no sabe que regalar a una amiguita que cumple años este sábado. O el estudiante que olvidó comprar la lamina de papel bond en el centro de la ciudad, y requiere un pliego de urgencia, aun siendo las 10 de la noche del domingo y el letrero de cerrado se observe colgado en la ventana.

Manualidades

El que tiene tienda que la atienda, decía Mariana cada ves que llamaban por la ventana buscando a su madre para que vendiera algún artículo de la papelería y ésta se encontrase recostada viendo el televisor. Era un hecho que si doña Marcela se levantara mas temprano tendría mas clientela. Sin embargo, en el mismo letrero donde se leía CERRADO; al calce se anunciaba también: ABRIMOS A LAS 6 PM.

Don Augusto trabajó muchos años en la Industria de Generación de Energía. Sin embargo, las nuevas tecnologías que traían consigo gente joven que se adaptaba mas fácilmente a ellas, había hecho que sus servicios fueran innecesarios antes de lo planeado. No guardaba rencor, ni a la tecnología ni a los nuevos profesionistas. Estaba conciente que ese era el ciclo de la vida. Además parecía agradarle su nueva forma de conseguir medios para cumplir en casa.
Una pequeña Flotilla de Taxis -decía él. Claro que se trataba solamente de dos vehículos que anteriormente habían sido para el uso personal de la familia. Pero el tamaño de la flota era lo menos importante para él; ya que se trataba de unidades propias que generaban ganancias directas y requerían poco mantenimiento, al ser de un modelo no tan antiguo. Uno de los taxis era manejado todo el día por un colega de don Augusto, a quien había conocido en uno de los llamados Sitios donde se reúnen los choferes de transporte urbano a esperar pasaje. Se había ganado su confianza. El otro vehículo lo manejaba él. Como jefe de la flotilla tenía su propio horario. Si no se sentía con ganas de salir temprano a trabajar, simplemente no lo hacía y partía hasta después del medio día. Si a media tarde sentía que ya había reunido suficiente dinero, se retiraba a descansar hasta el día siguiente; no sin antes aprovechar la noche para tomar una copa de Brandy en las afueras de su hogar, para relajarse tras un caluroso día. La cuota del chofer, el dinero recaudado por su esposo, su cheque mensual, y las entradas por las habitaciones acondicionadas para renta y papelería, eran suficientes para que doña Marcela llevara una vida sin preocupaciones financieras.

Mariana pasaba por una etapa difícil. A sus 24 años, hacía mas de 10 meses que había terminado la escuela, especializándose en la programación de computadoras. Sin embargo, el proceso de titulación se había visto truncado por problemas con el asesor de su escuela. Sin un titulo que avalara todo lo que sabe, se sentía impotente. Se le habían cerrado un par de puertas debido a la falta de este papel y eso la había desmoralizado, a tal grado de crear en ella un temor a no poder nunca conseguir un empleo. Aunado a esto, acababa de perder hacía algunos meses a quien consideraba su cómplice en esta difícil labor de sobrevivir a sus padres. Su hermano mayor se había marchado dejándola a ella en una situación de desigualdad. Eran dos contra una. Por esa misma razón rara vez dejaba su alcoba, donde tenía todo lo que necesitaba: su Computadora con Internet y sus sueños de algún día seguir los pasos de su hermano mayor.

No me ha sido difícil adaptarme a este ambiente; a esta familia adoptiva que me ha recibido. En cierto modo me recuerda a mi familia. Aunque algunas veces me pregunto si seguirían aceptándome si supieran todo lo que pasa por mi mente. Si me dejarían seguir rentando la alcoba si supieran la clase de persona que hay dentro de mi. Esa misma pregunta es la que me hizo salir de casa en un principio. Me daba miedo que mis padres supieran quien soy, lo que soy, lo que pienso. No lo entenderían. No lo aceptarían.

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