Ricky Torrance: Cazador Diurno

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Darla… mi regalo de cumplesños

Posted by Ricky Torrance en septiembre 3, 2009

 La Pregunta.

Se acercaba mi cumpleaños. Darla lo sabía. Era la perfecta oportunidad para obtener de ella un poco mas que solo una escapada a la bodega.

-¿Que quieres que te regale para tu cumpleaños? dijo ella, con esa inocencia pícara que me encantaba. No se, lo que tu quieras -contesté fingiendo desinterés; pero ambos sabíamos lo que yo quería… ella también lo deseaba.

 En una anterior ocasión, hacía ya un buen tiempo, al regreso de unas vacaciones de verano que Darla disfrutó en una hermosa playa del país; me trajo un obsequio que yo un conservaba, y el cual constantemente sacaba del cajón para admirar… Era una foto donde aparecía ella al centro; custodiada por un par de columnas griegas (o al menos del tipo que aparecen en las imágenes de las ruinas de aquel lugar). Ella lucía un bonito bikini color azul. El top era de esos que no tiene tirantes y que parece un moño estirado por las puntas. La parte baja del bikini tenía mucha tela, para mi gusto, pero recordando que Darla era un poco tímida no me extrañó en absoluto. Con sus delgadas manos sostenía un pareo el cual, se notaba por la pose, desamarró y extendió tras de ella única y exclusivamente para tomarse esa foto; la cual estaba destinada a mi tal y como sospeché al verla por primera vez.

Muy parecido al Bikini que lucía Darla en la foto.

Muy parecido al Bikini que lucía Darla en la foto.

 Era la hora de la comida y ya la mayoría de la gente se había retirado. Yo me quedé unos minutos mas tratando de evitar las aglomeraciones que se forman al a hora de la salida… y esperando a Darla para salir caminando del edificio con ella.

 -Ya se que quiero que me regales, le dije mientras me tomaba del brazo para bajar la escaleras (sus tacones altos eran mis aliados cada ves que había que bajar del edificio juntos). ¿Qué? –me dijo ella, intrigada y con una sonrisa en el rostro.

¿Recuerdas aquella foto que me trajiste cuando regresaste de tus vacaciones de verano?, pregunté inocentemente. Claro -contestó ella mientras se ruborizaba un poco ante el temor de que alguien nos escuchara hablar. Pues eso es lo que quiero -le dije. ¿Otra foto? -cuestionó ella. Si, pero esta ves quiero ser yo quien te la tome, le dije finalmente antes de llegar a la salida del edificio, la cual a pesar de la hora, aún tenia algo de gente. Platicamos mas tarde –me despedí, antes de separarnos y dejarla muy pensativa.

 Esa tarde no hablamos mas del asunto; sin embargo cada ves que volteaba a verla y ella fingía no verme, se notaba que seguía pensando en mi regalo de cumpleaños.

 ¿Pero como le hacemos?

Fueron las palabras que llegaron a mi correo a la mañana siguiente… al parecer luego de una larga noche pensando y meditando, tal ves en el lugar para  darme mi regalo de cumpleaños; talvez en el atuendo que debería usar, talvez en la forma para que nadie mas se enterara…Darla finalmente se había hecho a la idea de cumplirme mi deseo de cumpleaños.

 Déjamelo a mi. Yo me encargo de los detalles -le contesté.

El Lugar.

Sábado en la noche. La casa de Darla se encontraba a 20 minutos de mi casa; lo sabía porque ya anteriormente le había dado un aventón y había tomado el tiempo de su hogar al mío. Esa noche de Fin de semana el tráfico me hizo recorrer el trayecto en 35 minutos.

Al estar por llegar, Darla me mandó un mensaje pidiéndome que no la esperara justo al frente de su casa; sino que me estacionara a 3 casas de distancia y le mandara un mensaje cuando ya estuviera ahí. Así lo hice y al poco rato ella apareció. La reja negra del patio de su casa se abrió lentamente; mostrando a una Darla que trataba de actuar con naturalidad… pero que no lo lograba. Se acercó lentamente a donde me encontraba estacionado. A través del cristal de mi auto pude ver su caminar, torpe y a la ves hermoso… ella se veía hermosa; y el aroma que inundó mi auto cuando ella subió fue simplemente indescriptible. Me saludó con un beso en la mejilla, mismo que correspondí de igual manera. No lo había notado hasta ese momento, pero ella, además de su pequeña bolsa de mano, traía en los brazos una bolsa de papel… Yo sabía que solo una cosa podía traer ahí dentro.

¿A donde vamos? –preguntó coqueta. Sin mirarla sonreí mientras arrancaba el auto. Al alejarnos, pregunté despreocupadamente si en esa bolsa de papel había un bikini. Talvez -contesto ella, pero aun no me dices a donde me vas a llevar. ¿Confías en mi? -le pregunté mientras volteaba a verla. Si –respondió temerosa tratando de no desilusionarme con el tono de su respuesta. Entonces no tienes nada de que preocuparte –contesté finalmente.

 El Motel al que nos acercábamos era uno de los mejores de la ciudad; al menos en aquel tiempo. Al estar a unos cuantos metros le señalé a través de la ventana el lugar diciendo “ahí es a donde vamos”. Darla volteó siguiendo mi mano y noté como comenzó a disimular para que no se le notara el temor en su hablar… Si estás de acuerdo, claro está –añadí. Darla juntó su manos y las puso entre sus rodillas; bajó el rostro y suavemente, me dijo: ¿puedo confiar en ti?. Ya sabes que sí –la tranquilicé.

MotelRodeamos el lugar y desconcertada vio que la entrada principal pasaba de largo a nuestro costado. Antes de que pudiera cuestionar algo, le comenté que entraríamos por la puerta de atrás. Esto pareció reconfortarla y era natural; la puerta de enfrente daba a una de las avenidas mas transitadas de la ciudad; especialmente a estas horas de la noche. Al cruzar el umbral del acceso posterior; a lo lejos divisé una silueta que al ver las luces del auto se apresuró a correr hacia nosotros señalando un portón levantado a nuestra derecha en cuyo marco se había labrado el numero 22. Cuando viré para entrar al garage, aquella silueta, ahora convertida en una mujer de mediana edad con una cara despreocupada y sin el menor interés en nuestras identidades, ya se encontraba situada a un costado de la entrada y esperaba a que estacionáramos el auto para poder bajar la cortina de acero que nos proporcionaría el anonimato. Al pasar a su lado, noté como Darla cubría su rostro con su larga cabellera mientras volteaba hacia el otro extremo del garage, ante lo cual me abstuve de hacer comentario alguno. Aun no te bajes, le dije al apagar el motor. Al escuchar que el portón metálico había descendido ya lo suficiente, gentilmente la invité a salir del auto. Al encontrarnos en el frente del vehiculo, la tomé de la mano y le sonreí para tranquilizarla… Me sonrió tímidamente y bajó la mirada apenada..

 Mientras subíamos las escaleras que culminaban simplemente en una puerta blanca de madera; la noté muy nerviosa; parecía aferrarse a la bolsa de papel que llevaba ahora entre las manos, con los brazos cruzados a la altura del pecho. Yo iba tras ella con mis manos en su cintura, la cual noté ahora mas pequeña de lo que yo creía. Al llegar a la puerta esperó paciente a que yo la abriera y al cruzar el umbral, sus ojos se abrieron en tono de sorpresa.

La habitación estaba decorada en tonos de verde y negro, con luces de neón de iguales colores.

Tomada de la web del motel.

Tomada de la web del motel.

Lo primero que saltó a la vista, lógicamente, fue la cama King Size al fondo del cuarto franqueada por un par de taburetes y dos arreglos florales perfectamente aprisionados en un cristal que tocaba ambos: techo y suelo. La habitación no era ni mucho menos grande; sin embargo estaba dividida en dos secciones, la recámara, donde se encontraba la cama estaba 3 escalones arriba de la sección donde estratégicamente habían colocado una pequeña mesita de cristal, junto a un sofá lo suficientemente largo para 3 personas. Una televisión terminaba de decorar esta pequeña sala de estar.

Siéntate -la invité, mientras le señalaba el sofá. Ella obedeció y dejó por un instante la bolsa de papel sobre la mesita de cristal. Estaba a punto de decirme algo cuando un estruendo la sobresaltó poniendo en evidencia su nerviosismo. Es la muchacha -le dije- viene a cobrar. Me acerqué al compartimiento giratorio empotrado en la pared donde deposité la cuota establecida y afirmé la propuesta de que las bebidas de cortesía fueran un par de tequilas con refresco de toronja. Luego de escuchar pasos que se alejaban a través de la pared; giré y lentamente me acerqué al sofá para sentarme a lado de Darla quien no dejaba de voltear a todo su alrededor como buscando algo… sus ojos negros brillaban con la luz de la habitación. ¿Tienes Miedo? –pregunté con cara de preocupación. No- dijo ella- no es eso… es solo que nunca había entrado a uno de estos lugares… pensé que eran… ya sabes.. mas feos. Sonreí, mientras estiraba mi mano para acariciar su mejilla. Puedo ver que hay en la bolsa –le dije mientras la señalaba con un gesto. No… es una sorpresa –contestó ella mientras se incorporaba al notar que un tirante color negro se asomaba fuera de ella.

Tomada de la Web del Motel

Tomada de la Web del Motel

Reacomodó la bolsa y regresó al respaldo del sofá. Me levanté para prender la televisión y busqué un canal con videos musicales. Lo sintonicé y puse el volumen muy bajo… solo lo necesario para ambientar. Un sonido en la pared me informó que las bebidas habían llegado, tomé la charola y la coloqué en la mesita junto a la bolsa de papel. Levanté las bebidas y le ofrecí uno de los vasos a Darla; quien lo tomó con suavidad. Salud –le dije mientras levantaba mi vaso -por un muy feliz cumpleaños…

 

 

 

La Sesión.

Bueno… llegó la hora –le dije mientras le quitaba el vaso, ahora vacío, de sus manos y lo colocaba junto al mío en la mesita. Es hora de que me des mi regalo de cumpleaños. Me levanté del sofá y le tendí mi mano para ayudarla a incorporarse. Tomé la bolsa de papel con mi otra mano y conduje a Darla hacia los 3 escalones que separaban la salita de la recamara. La dejé de pié frente a la cama y yo caminé por un costado de la misma hacia uno de los pequeños taburetes donde descansaba un teléfono y un directorio personalizado del motel. Metí la mano en mi bolsillo y saqué de él mi cámara… Giré el rostro para verla y sonreí mientras me sentaba en la cama, recargado en la pared y con las piernas estiradas a todo lo largo del king size. Me bastó solo verla para saber como se sentía… nerviosa, excitada, temerosa, llena de dudas…su respiración se aceleraba. Noté que no sabía que hacer así que le sugerí que tomara su bolsa de papel y fuera al baño para “prepararse”. En la intimidad del cuarto de baño ella podría despojarse tranquilamente de su ropa y ponerse su bikini negro que había traído especialmente para mi. Accedió y entro cerrando la puerta tras de ella.

 Los siguientes minutos se me hicieron eternos… Yo afuera… excitado. Ella adentro… temerosa. Casi podía imaginarla… recorriendo el pequeño baño como si se tratase de un extenso lugar… acomodando la bolsa de papel aquí y allá… haciendo que el tiempo pasara rápidamente… alargando lo inevitable… Para finalmente armarse de valor un instante y lentamente dejar caer su ropa al frió piso de azulejo… tomar con sus manos desnudas el pequeño bikini negro que había comprado hace algún tiempo y que nunca pensó que utilizaría en un lugar donde no sería bañado por la luz del sol sino por un dispositivo de luz artificial…. Donde no sería el agua salada sino una cámara la testigo de sus delicados trazos..

¿Todo bien? –me animé a preguntar… S..si, ya casi estoy lista –alcancé a escuchar a través de la puerta mientras checaba por enésima ves que la batería estuviera totalmente cargada; que la memoria tuviera todavía espacio suficiente para diez mil fotos y dos mil minutos de video… mientras checaba el reloj para medir cuanto tiempo aun nos quedaba… mientras crecía cada ves mas y mas mi expectación.

La puerta se abrió… pero Darla no apareció.

¿Dónde estás? –pregunté en tono juguetón… Es que no me atrevo –dijo Darla en el anonimato, detrás de la pared. Anda, ya estamos aquí; recuerda que es mi regalo de cumpleaños –le dije. Luego de un rato donde yo me esforcé por darle confianza y ella trataba también de darse valor; finalmente Darla accedió a salir; no sin antes envolver su cuerpo en una toalla… Por un momento sentí un poco de enfado… pero le di tiempo… la dejé que se alejara del umbral de la puerta del baño mientras le demostraba que había tomado lo de la toalla con humor… como algo simpático… Nada mas alejado de la realidad.

Nerviosa, casi temblando, Darla se detuvo en frente de la cama, justo al borde de ésta; desde mi ángulo no alcanzaba a ver la terminación de la toalla, la cual iniciaba unos centímetros debajo de su cuello. Ella sostenía esa toalla tan fuertemente que un poco mas y quedaría adherida a su cuerpo para siempre… Yo comenzaba a mostrar mi enfado… pero sabía que si ella lo notaba hasta ahí terminaría nuestra sesión privada de modelaje… Me tranquilicé y mi rostro lentamente se tornó amigable… lo supe por su reacción… de alguna manera logré hacer que la situación cambiara completamente y ahora ella sintiera la necesidad de dejar caer esa toalla… porque me lo debía… Ella bajó su tierno rostro… y sonrió… y en el movimiento de brazos mas dulce que he visto en mi vida…. Se despojó de la toalla que la cubría dejándola caer sobre la alfombra a lado suyo.

 Aquel tirante negro que ya había visto asomarse de la bolsa de papel, culminaba (junto con su par) en dos copas pre formadas de tela negra con líneas rojas y blancas que cubrían ajustadamente los abultados senos de Darla, haciéndola lucir mas que espectacular. Bajando la vista y pasando por alto un momento la sensualidad que derrochaba su ombligo al moverse juguetonamente en su cintura cuando ella respiraba, noté que en la parte baja del bikini también

Mas o menos; pero con lineas negras y rojas  :)

Mas o menos; pero con lineas blancas y rojas 🙂

predominaba el color negro; y las mismas líneas rojas y blancas adornaban el frente de la tela, pero esta ves convergiendo todas ellas en un mismo punto a un extremo, como rozando su pierna izquierda y elevándose hacia el extremo opuesto del bikini. Al convencerla con un ademán, de dar un giro de 360 grados, pude notar que la parte posterior del bikini era totalmente negra… pude notar también que cubría completamente el pequeño trasero de Darla… sin embargo, la prenda le quedaba tan ajustada que dicha parte de su cuerpo parecía verse mas grande y apetitosa de lo que le había visto jamás en los pantalones que ella acostumbraba a vestir en la oficina. Me quedé tan pasmado ante aquella agradable sorpresa, que me olvidé por completo de la cámara, la cual descansaba todavía en mi mano rogándome por ser activada… cuando finalmente desperté del trance en el que la figura de Darla me había metido, instintivamente tomé la cámara con ambas manos y trilladamente dije: “sonríe”.

 Conforme disminuía el contador de imágenes disponibles en la memoria de la cámara; Darla se soltaba mas y mas… perdiendo completamente el miedo y pudor que en un principio no la dejaban ni siquiera salir del cuarto de baño. Ella ya no era Darla, la chica tímida de la oficina… Era Darla, la modelo de trajes de baño mas cotizada de la ciudad. De pié sobre la alfombra, recostada sobre la cama, tumbada en el sofá… mi imaginación era el límite… No… No había límites… Era hora de pasar a la segunda parte de mi plan.

 

El Masaje.

Eres increíble –le dije, es el mejor regalo de cumpleaños que pudiste darme. ¿Te gustó? –preguntó ella, ahora recostada a lo ancho de la cama y girando su cuerpo para poder verme de pié junto a ella. Me gustó tanto que quiero recompensártelo, ¿qué te parecería si te premio con un masaje? Para que te relajes luego de una agobiante sesión de modelaje profesional –le dije en tono juguetón; y ella accedió con el mismo tono: me lo he ganado –dijo finalmente.

La acomodé boca abajo de manera que la punta de sus pies apuntaran a una esquina de la cama y su cabeza hacia la esquina opuesta. Me coloqué sobre de ella a la altura de sus rodillas para no lastimarla con mi peso; no sin antes decirle que me quitaría el pantalón de mezclilla para estar mas cómodo y no lastimarla con mi cinturón, estrategia que a ella le pareció de lo mas natural. Mis pantorrillas desnudas rozaban con sus delgadas y frágiles piernas, mientras que mi cuerpo excitado se hacía notar sobre su bikini… yo sabía que ella sentía lo abultado de mis calzoncillos… pero también sabía que ni en un millón de años me lo mencionaría. Comencé lentamente a masajear su espalda por encima de su bikini que se enganchaba por la parte posterior… mientras realizaba movimientos con mis manos arriba y abajo de su espalda que me obligaban a apretar mas mi ropa interior con su bikini… luego de masajear por unos instantes sus hombros y bajar lentamente hasta donde terminaba su espalda y comenzaba la oscuridad de su bikini, en un movimiento maestro le desabroché las tiras negras que sujetaban el top en su espalda, dejando ésta totalmente a mi merced… le retiré los tirantes de los hombros y lentamente la ayudé a deslizar cada uno de sus brazos a través de ellos para liberarlos… ya el top estaba únicamente reposando sobre la cama bajo ella; ya no era mas una prenda de ropa, sino parte de la sábana… por lo que dulcemente tiré de un extremo para sacarlo de debajo de su cuerpo, mientras le decía que de esa forma estaría mas cómoda. Ella giro el rostro para ver a donde iba a parar su bikini, mismo que voló hasta donde se encontraba la toalla, reposando sobre la alfombra al pie de la cama. Rápidamente Darla apretó los brazos contra sus cuerpo para ocultar los extremos de sus senos… pero a base de masajes que se sentían mas bien como caricias, logré llevarlos por encima de sus hombros hasta poner sus manos bajo su barbilla…. Sus manos ahora servirían como su almohada y no como un escudo para cubrir su desnudez.

massMis manos que anteriormente se centraban en masajear sus hombros, ahora buscaban cada ves mas y mas el costado de sus senos, bajando hasta su cintura y topando con el bikini negro el cual con cada masajeada bajaba un milímetro dejando ver un poco mas de piel. Moví mi cuerpo… me acomodé un poco mas atrás, a la altura de sus tobillos, y comencé a masajear sus piernas… tan delgadas que con una sola mano abarcaba casi toda su circunferencia… pero tan suaves que el terciopelo se ruborizaría ante ellas. Con cada pasada de mis manos por la parte externa de sus piernas, desembocando en los extremos del bikini, darla respiraba… pero con cada frote de mis manos contra la parte interior de sus piernas ligeramente separadas… darla suspiraba pues mis dedos desembocaban justo donde ambas piernas se juntaban e iniciaba su bikini. En los movimientos hacia arriba, mis juguetones pulgares se deslizaban ligeramente por debajo del bikini, llegando a rozar las pequeñas pero bien formadas curvas de su trasero…finalmente despegué mis manos de su cuerpo y estiré el mío cuan largo es hasta encontrar con mi mano la toalla tirada en el piso, y la doblé de forma que quedara de una anchura no mayor a una mano extendida (lo que comúnmente se conoce como una cuarta)…. La anchura perfecta para cubrir únicamente su trasero. Préstame tus manos –le dije mientras me preparaba a acomodar  la toalla sobre ella. Ella un poco extrañada, torpemente levantó la cara y sacó sus manos para moverlas formando un abanico con sus brazos… ¿Para qué? -Preguntó ingenuamente. Sostenla contra la cama –le dije, mientras colocaba la toalla extendida sobre su bikini, el cual apenas y se cubría debido al ancho con que la doblé… con la toalla bien sostenida por sus manos a ambos extremos de su cuerpo, y cubriendo únicamente su trasero… mis manos se deslizaron por los huecos que se formaban entre la toalla y la cama a un costado y otro del cuerpo de Darla; y con un movimiento repentino, arranqué de su cuerpo la última pieza de su bikini… deslizándolo por todo lo largo de sus piernas, mientras ella apretaba las manos al darse cuenta que la toalla se movía junto con su ropa en un reflejo del movimiento de mis manos… No, ¿Qué haces? –alcanzó a decir Darla…. Pero ya su bikini volaba por los aires para caer en la alfombra junto a su complemento… fue ahí cuando ella se dio cuenta finalmente… que estaba desnuda. Tranquila, la toalla te cubre –le dije, mientras ella apretaba la toalla contra su cuerpo y la metía ligeramente bajo ella para hacer una especie de falda y sentirse mas tranquila y menos desnuda… como si fuera posible. B…bueno –consintió ella mientras sus manos regresaban a su posición bajo su rostro… fue aquí cuando me tomé un instante para ver el cuadro completo: Darla… Rendida ante mi sobre una cama… Desnuda…  solo cubierta por una pequeña toalla blanca… Excitada… Nerviosa… Respirando tan aceleradamente que podría escucharse a tres cuartos de distancia… Feliz Cumpleaños, Ricky –me dije en voz baja.

 

Preámbulo.

Reanudé el movimiento de mis manos sobre su espalda; pero esta ves poniendo mas énfasis en la espalda baja; de manera que con cada movimiento la toalla fuera poco a poco aflojándose y mis manos lograran entrar bajo de ella. Con cada movimiento escuchaba su respiración… cada ves mas rápida.. cada ves mas fuerte… mas profunda… el movimiento de mis manos…. el roce contra su cuerpo, la cama moviéndose a nuestro ritmo, mis manos ejerciendo mas presión… mas calor… hasta que finalmente escuché ese sonido que nunca olvidaré… Darla soltó uno de esos pequeños y deliciosos quejidos que solo significan una cosa… Éxtasis… y tras ese vinieron varios mas.. hasta que la hipnosis en la que había caído, presa de mis manos, desapareció y apenada tapó su boca con ambas manos… pero no sirvió de nada, pues yo no me detuve y ella siguió emitiendo ese sonido angelical. Darla estaba tan perdida en el mundo del placer; que no se percató que ahora la toalla estaba totalmente suelta sobre de ella, por lo que con un movimiento rápido, y sin perder el ritmo del masaje, tomé uno de los extremos de la tela y lo doblé hacia adentro, dejando al descubierto todo su costado izquierdo, es decir desde su axila, hasta su dedo meñique del pié, dejándome ver un poco de la blanca piel de sus caderas. Repetí la operación con el costado derecho de la toalla y ahora a Darla la cubría únicamente una toalla del tamaño de media hoja de papel..  así continué masajeándola… sintiéndola… tocándola y dándole un placer que hasta ese momento ella desconocía… Darla se movía con el pasar de mis manos… se quejaba con placer… respiraba con sensualidad… quería mas… necesitaba mas.. lo necesitaba…. Sus pujidos me lo decían… y fue ahí cuando deslicé la toalla por toda su espalda; mas allá de su cabello y fuera de la cama. Darla no se inmutó… continuó jadeando de placer… llevé mis manos hasta sus hombros y los apreté con tanta fuerza que no se si su siguiente quejido fue de dolor o de placer.. o tal ves ambos… lentamente acerqué mi boca a su cuello y suspiré… el calor de mi aliento no hizo mas que acelerar todavía mas a Darla quien soltó el mas fuerte de los alaridos de placer que se habían escuchado en toda la noche… Lentamente y sin soltar sus hombros, fui besando todo su cuello… fui bajando con mi boca por su espalda, mientras ella no dejaba de gozar… cuando mis brazos, por mas estirados que estaban no me dejaban avanzar mas allá de su cintura, solté sus hombros y apretadamente los deslicé por su espalda; al tiempo que mi lengua recorría su espalda baja de derecha a izquierda y de regreso… mis manos se clavaron en la cama a un costado de su cintura, solo como apoyo para poder deslizar mi cuerpo hasta sus pantorrillas, luego volví a tocarla con fuerza, masajeando su espalda baja para volver a inclinarme hacia ella y besar cada centímetro de su pequeño y apretado trasero…lenta… pausadamente, abriendo mi boca y cerrándola en su cuerpo…dando pequeños mordiscos que la hacían suspirar y gritar a la ves… Darla comenzaba a retorcerse con cada uno de mis besos… pero no fue sino hasta que mi lengua recorrió de abajo a arriba el camino entre sus nalgas cuando no pudo mas y explotó de placer…

 

El Despertar de Darla.

Darla giró su cuerpo con tanta fuerza que logró tumbarme boca abajo aun lado de ella sobre la cama… De aquella tímida, inocente y dulce Darla no quedaba nada… A mis espaldas surgía una nueva Darla ansiosa por conocer los orígenes mismos del placer. Con su cuerpo desnudo y ardiente montó sobre mi espalda y comenzó a besar mis orejas… a acariciar mi cabello con intensidad… a morder mi cuello… a lamer mi espalda… yo, intrigado con su reacción, me dejaba querer… después de todo era una reacción que esperaba y anhelaba… Continuó besando y mordiendo mi espalda mientras bajaba lentamente a través de ella deslizando su cuerpo por mis piernas… cuando su boca llegó a mi espalda baja y encontró su primer obstáculo; no dudó ni un instante en deshacerse de él… antes de que mis calzoncillos tocaran el suelo, Darla ya me había dado tres mordiscos en mi nalga izquierda… y amenazaba con hincar sus dientes en la derecha en cualquier momento… no tardó mucho en hacerlo; para luego clavar con todas sus fuerzas sus largas uñas en mi espalda y arrastrarlas hasta mis glúteos… en ese momento no pude evitar soltar un grito de dolor mezclado con una risa que la hizo reaccionar y reír también… momento que aproveché para mover mis brazos sobre mi cabeza y fuera de la cama… a donde encontraron la toalla… rápidamente la tomé con mis manos y al tiempo que trataba de girar, la deslizaba por mi cuerpo.. hasta que finalmente la coloqué donde yo quería, momento justo en que Darla, al ver que la toalla quedaba justo entre mis piernas, permitió que me diera completamente al vuelta y así quedar cara a cara… Su negro y rizado cabello caía por sus hombros y trataba, sin lograrlo, cubrir sus senos… traté de no mirarlos fijamente para no incomodarla.. pero luego recordé que tenía frente a mi a una mujer diferente a la que había llegado conmigo; por lo que mis ojos se alejaron de su rostro, el cual también comenzaba a bajar, preso de una timidez que aún persistía en el interior de aquella nueva Darla… sus senos eran Hermosos… como dos rocas perfectamente formadas… se veían tan suaves.. tan tersos… tan apetitosos… sus pezones se hincharon todavía mas cuando presa de una repentina pena Darla colocó sus manos sobre mi abdomen y apretó los brazos contra sí… pero eso solo logró excitarme aun mas ya que ahora sus senos se veían todavía mas grandes… como a punto de explotar.

Finalmente el silencio se rompió cuando pregunté ¿ya terminó mi masaje?, al tiempo que estiraba mi mano derecha para tocar sus labios… su cuello… su pecho… mi dedo travieso se deslizó entre sus senos hasta llegar al ombligo… mi mirada siguió a mi mano todo el camino… Darla me regaló una sonrisa pícara… y acto seguido se inclinó sobre mi… Coloqué mis manos bajo mi cabeza y cerré los ojos asegurándome que ella lo notara… lo siguiente que sentí fue la humedad de la boca de Darla en mi cuello… en mi mejilla… buscando mi boca pero sin encontrarla… besando mi nariz… mi barbilla… y regresando a mi cuello. Darla deslizó el peso de su cuerpo hacia mis rodillas y ahora estiraba su cuerpo de manera que sus senos rozaron mi pecho… cuando sintió aquel extremo calor recorrer su cuerpo no tuvo opción mas que seguir sus instintos del placer y moverse rítmicamente arriba y abajo… frotando sus senos con mi pecho.. mi abdomen… mi cuello… cada ves mas rápido.. cada ves mas fuerte.. como si restregar su cuerpo contra el mío fuera necesario para vivir… el calor que generaban nuestros cuerpos al contacto hacía que se perdiera cualquier sensación de aire acondicionado en la habitación… Darla finalmente situó su boca en mi pecho sin despegar sus senos de mi cuerpo…. Y fue poco a poco deslizándose hacia abajo…  lentamente.. milímetro a milimetro… al pasar su boca por mi abdomen me percaté que con el movimiento, la toalla se encontraba ya demasiado abajo como para cubrir lo indispensable… cuando Darla besó mi ombligo, sus senos se despegaron de mi cuerpo… y la toalla ya estaba en mis rodillas.

Abrí los ojos, solo un poco, de manera que ella no se diera cuenta y pude ver esa imagen que quedó labrada en mi mente para siempre: La cabeza de Darla estaba ahora  a la altura de mi miembro, ahora mas erecto que en toda la noche; sus ojos observándolo con detenimiento, con una mirada de duda y asombro… ¿sería el primero que ella viera? ¿al menos a esa distancia? Fueron las dudas que cruzaron por mi mente en esos momentos; pero que se desvanecieron de inmediato al ver que Darla con una mano acomodaba su cabello, que había caído por un costado de su rostro, de vuelta a su espalda con un movimiento de su cuello… mientras que la otra mano se acercaba lentamente a su objetivo.

El calor que las manos de Darla impregnaron en mi pene fue indescriptible… fue como si en el momento justo en que

Imagen tomada de la red... aunque...

Imagen tomada de la red... aunque...

nuestras pieles se tocaron se hubiese producido una explosión que pusiera a temblar nuestros cuerpos… lo que pasó después fue todavía mejor. Darla tomó mi miembro con ambas manos; y lentamente fue acercando su rostro hacia él… despacio… tomando una eternidad para recorrer los veinte centímetros que separaban su rostro de mi cuerpo… hasta que finalmente sucedió… Darla apretó sus húmedos labios contra mi pene y lentamente fue abriendo la boca… sus ojos entre abiertos denotaban una extrañeza.. como si no supiera que estaba pasando.. como si no supiera que hacer ahora… pero su instinto le mostró el camino… y su boca se abrió completamente permitiendo a mi miembro sentir la humedad de su lengua… el calor de su boca… Que sensación tan sorprendente.. indescriptible… Abrí los ojos para no perderme detalle alguno de este momento…  quería verla… quería ver a Darla, la secretaria de mi oficina, la chica tímida y recatada… jugando con mi pene en su boca. Sus movimientos, primero lentos, ahora cobraban un mayor ritmo… su boca que al principio se limitaba a chupar los primeros centímetros de mi pene; ahora no se conformaba y quería llegar incluso hasta mi ombligo… Saborearme en todo mi esplendor… cada ves mas rápido… cada ves mas fuerte… cada ves con mas pasión… Darla desbordaba de un placer que jamás había experimentado… incluso cuando perdió el ritmo y mi pene salió de su boca un instante, Darla únicamente esbozó una sonrisa y nuevamente lo tomó con ambas manos y lo colocó dentro de ella; para continuar con su festín de placer.

Yo sentía que en cualquier momento podría todo esto terminar; y lejos de detenerla para prolongar lo inevitable, preferí que continuara… quería terminar en su boca… quería que ella conociera las mieles de mi éxtasis… y cuando sentí esa sensación previa al orgasmo, estiré mis brazos cuan largos son para tomar suavemente sus manos que ahora reposaban en mi abdomen; y en el momento de la verdad, las apreté firmemente para evitar que ella se despegara de mi… aunque esto no iba a suceder. Darla, al sentir mi orgasmo, retiró levemente su boca de mi pene con unos ojos de extrañeza… por un instante pensé que dejaría que mi semen volara por los aires… pero no fue así… la dulce y tierna Darla al sentir mi pene temblar y recibir las primeras gotas de mi néctar, apretó fuertemente sus labios contra la punta de mi pene y recibió todo el fruto de su labor… el fruto de mi placer… la escena fue encantadora… Darla estiraba sus labios sobre mi pene como tratando de cobijarlo… como si mi pene estuviera sufriendo y su boca fuera el refugio de su dolor… su rostro delataba duda… miedo… acusaba a una inexperta Darla que luego de dejarse llevar por sus instintos, experimentaba ahora algo que nunca había sentido.. pero que en el fondo le agradaba.. esa sensación quedaría grabada en ella por siempre…. la sensación de dar placer.

 

También de la red...

También de la red...

Epílogo.

Agotado, me tumbé sobre la cama mientras Darla se encontraba en el baño… tuve que explicarle que podía derramar el contenido de su boca en el lavabo y enjuagarse, luego de darme cuenta que no abría la boca y ponía cara de angustia… como no sabiendo que hacer… Cuando Darla salió finalmente del baño; todavía desnuda se tumbó a mi lado con la cabeza sobre mi pecho… yo acaricié su cabello y le sonreí… un silencio invadió la habitación por unos instantes hasta que finalmente Darla lo interrumpió: No se que me pasó –dijo, fue como si mi cuerpo se moviera solo… No sabía que hacer, solo me dejé llevar… Los cuerpos se buscan –le dije en tono de respuesta, la sexualidad esta dentro de nosotros; solo hay que saber cuando dejarla salir. Sabes –me dijo, pensé que nunca haría eso. ¿Qué? -le pregunté, aun sabiendo a que se refería… quería escucharlo de su boca. B..besar uno de esos… ya sabes -me dijo, había tenido curiosidad, pero nunca lo había hecho… no pensé poder hacerlo nunca. Sonreí. Pues entonces pequeña, hay muchas cosas que puedo enseñarte –le dije mientras con una mano acariciaba su mejilla y las uñas de mi otra mano ldulcemente acariciaban sus caderas. ¿En verdad me enseñarías…? –El rostro de Darla se iluminó. Cuando la alumna esta lista… el maestro aparece –concluí.

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Juguemos Billar

Posted by Ricky Torrance en junio 25, 2009

¿Quien no disfruta de una buena partida de Billar, tras un pesado día en la oficina?

Finalmente puedo aplicar todo aquello que aprendí en las clases de Trigonometría, Geometría, Cálculo y Física… o quizá simplemente, solo juegue Billar.

Pero que pasa cuando en la mesa contigua a donde disputas una gran partida, aparece un grupo de probables víctimas…?

Que pasa cuando una de ellas simplemente decide no jugar, talves abatida por el agotamiento, talves por aburrimiento, o tal ves simplemente porque quería ser una víctima mas del Cazador Diurno…

La chica del Billar

La chica del Billar

 

 

 

 

 

¿y que pasa si el Cazador ataca en su sueño?

Descansa pequeña…. sueña que eres libre… sueña que Ya eres mia…

Comienza a Soñar

Comienza a Soñar

De pronto el sueño comienza a traspasar el portal  enter nuestros mundos… y una mano traviesa busca apagar un fuego que se encendió en el subconciente.
¿sueño o fantasía?

¿sueño o fantasía?

El calor sigue subiendo, el placer se eleva, el deseo es irresistible…
Buscando el cielo

Buscando el cielo

Hasta que no puede mas…
Placer absoluto

Placer absoluto

Hoy ha sido un día agotador…. descansa amor mio… y no te preocupes mas, por un simple juego de billar.
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Darla . . . Primer encuentro

Posted by Ricky Torrance en octubre 25, 2007

Darla fue transferida a nuestro departamento al poco tiempo de que yo empecé a trabajar aquí. Se desempeña como Secretaria de nuestro jefe, y sí, hay que reconocerlo: no es muy brillante en su desempeño. Sin embargo, y en contraste, como persona es uno de esos seres cada ves mas escasos en este mundo, que sufren con la lluvia pues piensan que los ángeles están llorando. Su inocencia y humanismo parecen interminables; al igual que su generoso escote, el cual, por Justicia Divina, contrasta con su pequeño trasero.Parecida a Darla No es Darla, pero se parece mucho; solo imaginenla con cabello negro y rizado

Mi relación con ella comenzó cuando, al coincidir en el autobús de vuelta a casa al termino de la jornada laboral, comenzamos una amena plática sentados uno al lado del otro. Esta situación se repitió en varias ocasiones no por coincidencia, sino por mi manía peligrosa de forzar al Destino a actuar al modo que yo lo deseo.

Platicando me enteré de varios aspectos de su vida que son irrelevantes para esta historia, pero que me ayudaron a conocerla y darme cuenta que tenía frente a mi un lienzo en blanco ansioso de un pintor, un libro abierto con sus páginas aún en blanco; una alumna esperando ansiosa la llegada del maestro… y ya saben lo que dicen: “Cuando el alumno esté listo; el Maestro aparecerá

Con el pasar de los días y nuestro contacto diario, nuestra relación fue cruzando esa delgada línea entre lo laboral y lo personal. A ella le gustaba pasearse por mi cubículo simplemente para saludarme, preguntar que estaba haciendo, acariciar mi cabello… para mandar esas señales que una chica acostumbra enviar, a veces sin percatarse de ello, cuando un chico le atrae.

Recuerdo bien una noche de esas extrañas, trabajando hasta tarde; Darla se acercó a mi espacio de trabajo sigilosamente, como tratando de no ser vista, y posó su mirada en mi por un largo rato mientras yo capturaba algunos documentos en la computadora. Me percaté de su presencia, mas sin embargo no la interrumpí, pues escuchar su respiración profunda era de lo mas excitante para mi y no quería cortar esa sensación.

Al cabo de algunos minutos y tras, los que parecieron ser, miles de documentos digitalizados, mi cuello y hombros no soportaron mas la tensión y obligaron a mis manos a detenerse un momento para reconfortarlos un momento. Aún sentado frente a mi computadora y con los ojos de Darla sobre mi persona; un movimiento de mi cuello provocó un sonido que, mas que huesos tronando, se asemejó a un silbatazo inicial, ya que acto seguido, las manos de Darla se posaron sobre mis hombros y comenzaron a presionar mis atrofiados músculos con una fuerza y cadencia que no me quedó mas remedio que dejar caer mis brazos y sucumbir ante tan delicioso tormento.

Mi primera reacción sonora fue inteligible.. a lo que ella soltó una pequeña risita y dijo: creo que necesitas un descanso.

Y aquí fue donde la línea se cruzó.

El Masaje se convirtió en rutina obligada en las reciprocas visitas a nuestros lugares de trabajo; incluso algunas veces cuando nuestra vestimenta lo permitía; inocentemente desabrochábamos el primer botón de la camisa/blusa del otro para hacer mas agradable el momento.

Día a día fue creciendo la necesidad de sentir la piel del otro, y mas aún mi necesidad de escuchar esos pequeños gemidos que Darla soltaba cuando apretaba sus hombros con un poco mas de fuerza; ese sonido que emanaba de lo mas profundo de su ser y que la obligaba muchas veces a tapar su boca con sus manos, era lo que alimentaba mi desesperación por seguir desabrochando su blusa.

Me ayudas a llevar estas cajas a la bodega -me dijo un buen día; y yo, como caballero que soy, la ayudé con gusto. No estaban muy pesadas pero si voluminosas, por lo que mientras yo cargaba ella abría las puertas que se encontraban entre nuestra oficina y la bodega.

Nuestra “covacha” como llamamos a donde guardamos todo lo que no usamos mas en los cubículos, es un lugar oscuro, con una pequeña ventana a la calle cubierta con persianas y, como no, lleno de cajas con papeles viejos.

Tenemos también una mesa que no se de donde salió y algunas sillas que hemos ido desechando con la llegada de nuevo mobiliario; sin embargo algunas de estas piezas aún están en buenas condiciones, como en la que le dije que se sentara para poder darle su masaje correspondiente a ese día, a lo que accedió gustosa.

Ese día ella había elegido una blusa azul que bien podía cubrir sus hombros o dejarlos al descubierto sin dejar de ser una prenda “políticamente correcta” para la oficina; sin embargo ella prefería usarla con los hombros tapados.

Blusa de Darla Este es el tipo de Blusa que Darla llevaba ese día

Comencé a masajear su cuello, y ella, al sentir mis manos sobre su piel, comenzó a mover su cabeza en señal de aceptación y de placer. Luego de un poco de preámbulo deslicé mis manos hacia sus hombros y tras cierto trabajo sobre su blusa me decidí primero a meter mis manos sobre la tela que cubría su hombros y así poco a poco y con el mismo movimiento que implica masajear; fui descubriendo su piel hasta que la blusa se convirtió en un modelo diferente, dejando sobre sus hombros únicamente esa tira del sostén que a muchas mujeres les gusta mostrar… a Darla no.

Pasaron talvez 5 o 10 minutos, su blusa cada ves bajaba mas con el movimiento de mis manos las cuales, mañosamente, se enfocaban en la parte de sus hombros que está mas cerca de sus senos que de su espalda. Sin perder la cadencia y con un movimiento de mis manos abiertas que iniciaba en los extremos de sus hombros y desembocaba en su cuello; mis pulgares juguetonamente se “atoraban” bajo las tiras de su brasier, haciendo que el movimiento de vuelta de mis manos hacia sus hombros, las trajeran consigo hasta lograr que ahora sus brazos y no sus hombros fueran el soporte de su prenda íntima.

tiritas del Bra A esto me refiero con tener las tiras del brasier en los brazos y no en los hombros

Al mismo tiempo y gracias al tamaño de mis manos, mientras mis pulgares se encargaban de las tiras de su sostén, el resto de mis dedos se alargaban cada vez mas para proporcionar masaje a su pecho, estirándose cuan largos son para acercarse cada vez mas a la tierra prometida… sin embargo el grito de “tierra a la vista” debió postergarse esta vez, pues entre sus gemidos de placer provocados por mis manos, logré distinguir a lo lejos, pero cada vez mas cerca, pisadas que amenazaban nuestro encuentro y que de no haber sido por mi, ya que ella se encontraba aún en el trance que le provocaron mis manos, nos hubieran encontrado en esa posición tan comprometedora para un edificio lleno de oficinas.

Alguien viene -le susurré al oído. Tardó en reaccionar y cuando lo hizo se observó para darse cuenta que estaba casi tendida sobre la silla, con los hombros desnudos y la respiración acelerada. Se incorporó y me preguntó que diríamos si llegaran a entrar hasta nuestra covacha. La Tranquilicé diciéndole que las pisadas se alejaban, que nos se preocupara; pero que debíamos regresar a trabajar, pues hacía mas de media hora que habíamos bajado solamente a guardar unas cajas.

Ella salió primero y yo la seguí un par de minutos después.

El día transcurrió de modo normal; al despedirse de mi esa noche solo dijo, “a ver cuando lo repetimos”… y yo sabía lo que debía hacer.

 masajito Quien no disfruta de un buen masaje…??

7 de la Noche, días después de aquel primer encuentro en la bodega. Ambos trabajando hasta tarde. Me adelanto a la bodega y desde un teléfono cercano le pregunto si me puede alcanzar ahí, no le doy mas detalles… ella sabe para qué.

Al cruzar la puerta le muestro la silla invitándola a sentarse, ella obedece y yo cierro la puerta. El sol se ha ido; al igual que mucho personal que ya ha abandonado el edificio; talvez solo queden algunos jefes y la gente de seguridad. Este día Darla Luce una blusa abotonada color naranja y un sostén negro que se logra ver bajo ésta, entre los botones que luchan por no abrirse debido a lo abultado de sus senos. Sin preámbulo alguno desabrocho el primer botón de su blusa y ella amarra su rizado cabello negro con una dona elástica. Coloco mis manos sobre sus hombros por debajo de su blusa y comienzo a generar calor… ella comienza a sentirlo.

Algunos segundos mas tarde, el segundo botón se libera y ahora hay suficiente tela para que la blusa descubra por completo sus hombros y que ésta sea acompañada por las tiras de su sostén que me encargo de correr deliberadamente.

A ritmo de su respiración es que muevo mis manos frotando su cuerpo… mis dedos se estiran nuevamente y dejan de sentir su duro pecho para percibir el inicio de sus blandos senos. Mientras mi mano izquierda continua provocando sonidos de su interior, mi mano derecha busca sigilosamente el tercer botón de su blusa que ahora se encuentra a la altura de su escote, aprisionado precautoriamente con ambos brazos de Darla, impidiéndome avanzar.. pero esto no me detiene y tras dos intentos mas, mis ágiles dedos logran desabrochar el estratégico botón… ella reacciona: ¿qué haces?…me da pena -repica. No te preocupes -le digo, y me separo un momento para apagar la luz; así ya no veo -la tranquilizo. Y continúo masajeando; y mientras lo hago a petición suya reitero constantemente que no logro ver nada en debido a la oscuridad; que su piel está escondida ante mi mirada. La hago sentir segura y por lo tanto retiro sus brazos de sus senos… No te preocupes -Le digo, recuerda que no te estoy viendo. No me veas -replica ella; mientras sus brazos ahora descansan a los costados de su cuerpo y sus manos casi tocan el piso. Ante esta posición y sin chistar desabotono el cuarto y quinto botón, y rápidamente coloco mis manos sobre sus hombros para continuar frotando su cuerpo. Ahora su blusa está totalmente desabotonada, su senos son solo cubiertos por su brasier, y su inocencia y miedo en este instante son opacados por su deseo y curiosidad.

Ella trata de hablar, pero la sensación que le provocan mis manos es mas fuerte que su miedo… entre sollozos alcanza a decirme: no te conozco; a lo que rápidamente contesto: tranquila, sí me conoces, sabes que soy un buen chico…. tranquila, ya no hay nadie en el edificio, estamos solos y además no puedo verte. Seguro que no me ves -pregunta ella con su voz entrecortada por la respiración que no deja de ser cada vez mas rápida. Relájate y disfrútalo -le digo; y ella se tranquiliza nuevamente por lo que mis manos, que habían regresado a lo mas alto de sus brazos concentrándose en sus hombros; regresan una vez mas a la zona de su pecho, apenas abajo de su cuello; y acercándose con cada movimiento a sus senos.

La Temperatura de la covacha elevándose, su respiración a mil por hora, mis manos frotando su piel generando un intenso calor, sus gemidos perdiendo timidez ante mi, sus senos desbordándose del pequeño brasier , mis pantalones cada ves mas estrechos, sus piernas apretándose una con otra, la luna asomándose por la pequeña ventana de la bodega ilumina ahora sus senos sin que Darla se percate de ello… está a mi merced… asomo mi cara por encima de su espalda para poder apreciar mejor y sin perder la cadencia del masaje, finalmente logro ver sus pezones asomándose por encima del sostén que ante la encorvadura de su espalda parece ahora ser dos tallas mas grande… son hermosos, del color del café molido, tan erectos que asemejan una goma de borrar en un lápiz del #2, nunca había visto unos pezones tan erectos, tan alargados, tan deliciosos… me invade al verlos una extraña sensación de desagrado que velozmente se convierte en deseo de tocarlos, de besarlos, de ponerlos en mi boca y que mi lengua los lleve a pasear por mi paladar.

Darla en hentai Si Darla fuera un dibujo de animé… sus senos lucirían así

Darla se retuerce de un placer que talvez nunca antes había sentido … se deja seducir por un un prácticamente-desconocido que está tocando su cuerpo semidesnudo y le provoca sensaciones que jamás había experimentado. Ella aún no se ha dado cuenta que sus pezones están a mi vista, pero para mi eso no funciona… quiero que ella lo sepa… quiero que sienta que los veo.. quiero sentir que es lo que siente ella cuando se de cuenta….. Por lo que con un movimiento un poco mas brusco que los actuales, como jalándolos hacia mi, hacia arriba, logro finalmente que su senos se asomen por completo.. que sus erectos pezones descansen sobre su brasier y no dentro de éste.. ella se da cuenta, pero no hace nada para cubrirse… no puede.. no quiere… está demasiado excitada para detenerme…… Darla quiere que yo continúe, quiere que la vea…. quiere que la explore… que la descubra… quiere que la toque… quiere que mis manos toquen sus pezones… que el masaje se extienda hasta sus senos ahora desnudos… quiere sentir mis ásperas manos sobre su tersa piel…. quiere que mi fuerza apriete sus senos y aprisione sus pezones… quiere que este extraño le recorra los senos con sus dedos…. quiere que este Maestro le enseñe a sentir.. que le lleve a conocer mundos nunca antes vistos… quiere que le enseñe y la prepare para el mundo… quiere ser la alumna preferida del Profesor…. Y lo fue en ese momento.

Suaves como el terciopelo.. placenteros como una brisa de verano.. Los senos de Darla conocieron mis manos esa noche.. Y fue asi como el Maestro apareció.

8:30 pasadas…. Me gustas mucho -me confiesa Darla, ahora con la blusa totalmente abotonada. Se despide de mi con un beso en la mejilla.. Me percato que se siente apenada ante mi.

No puedo dejar que se vaya así por lo que le digo que cierre los ojos y, sin decirlo, le la transporto de vuelta a sus sueños de color rosa…… ella obedece y lentamente me acerco, la tomo por la cintura ligeramente y uno mis labios con los de ella… y sin abrir la boca, le digo hasta mañana pequeña…. todo está bien…

Ella sonríe…. aun no entiende lo que le pasó esta noche… pero ahora, al menos, sabe que los sueños si se hacen realidad.

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